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La educación puede verse desde dos perspectivas, comunes en esencia y diversas en sus métodos. Por un lado, todos somos educadores pues participamos en la formación de otros, desde nuestros roles de hijos, hermanos, amigos y pareja. Por otra parte, el quehacer docente impregnado de la ciencia y sus maneras, antes desde las aulas, ahora también desde la red de redes. En cualquier caso, desde el hogar, la escuela o la universidad, la educación hace parte y vida de nuestra esencia como humanos.

Este blog nace para servir como espacio de encuentro, para compartir los saberes de la humanidad y contribuir al crecimiento de todos los que hacemos parte en este rincón de la virtualidad. Así pues, sean todos bienvenidos.
Carlos Viloria

martes, 29 de enero de 2013

ÉTICA Y ADMINISTRACIÓN: APROXIMACIONES GENERALES

La comprensión y discusión de la ética, en términos educativos y filosóficos, implica aclarar el significado o el alcance de una serie de conceptos que resultan fundamentales. A continuación se hace referencia a algunas de estas palabras de connotación específica, mediante cita textual de diferentes autores y diccionarios:

-        Ética; según Garza, J. (2006; p. 380), la ética constituye: “un saber que orienta la acción humana en un sentido racional; qué debemos hacer, cómo debemos orientar nuestra conducta”.

-        Moral; según García, P. (2006; p. 123) establece que: “es un conjunto de juicios relativos al bien y al mal, destinados a dirigir la conducta de los humanos. Estos juicios se concretan en normas de comportamiento que,…  regulan sus actos, su práctica diaria.”

-        Valores; Garza, J. (2006; p. 46) define el vocablo en los siguientes términos: “son guías de actuación que dan a los actos humanos un significado”.

-        Axiología; la Enciclopedia en línea de contenido libre Wikipedia, define el término como “la rama de la filosofía que estudia la naturaleza de los valores y juicios valorativos”.

-        Filosofía; Iñiguez, L (2006; p. 29) define esta disciplina de la siguiente manera: “es el estudio de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad, la moral, entre otros. Utilizando para ello, el método crítico y sistemático, haciendo énfasis en los argumentos racionales.”
Resulta conveniente aclarar que estas definiciones, coinciden en el hecho de que el epicentro de su radio de acción son las acciones humanas, tanto en el ámbito individual como social. Son los seres humanos los que se enfrentan a los dilemas éticos y morales, lo que constituye la base de amplias y diversas discusiones en todas las disciplinas y culturas a lo largo de la historia de la humanidad.

EL HOMBRE COMO SER MORAL
Sólo el hombre es capaz de acción moral; no hay referencia de conducta moral aplicándola a los animales; la razón de ello -bien conocida de todos- es que el hombre es un ser libre y, en consecuencia, responsable de sus actos, mientras que no ocurre lo mismo con los animales; además, sólo el hombre es capaz de realizar valoraciones morales, sólo de las acciones humanas decimos que son morales, inmorales o amorales. En consecuencia, si queremos arrojar luz sobre la conducta del hombre, habremos de estudiar qué sea el hombre, y la ciencia que estudia el hombre es la antropología; queda, en consecuencia, demostrada la pertinencia del estudio antropológico en relación con la moral. En este orden de ideas, cabe señalar lo expresado por Gutiérrez, C. (1997), sobre la ética y la moral:

El hombre es constitutivamente un ser moral. Ese hecho tiene lugar con el momento de la aparición del hombre como ser racional, histórico y social. A partir de su agrupamiento en las colectividades primitivas o pre-históricas, y del nacimiento de su autoconciencia inicial, el hombre comienza a comportarse de acuerdo con las reglas que rigen la colectividad.
Esta idea es reiterativa a lo largo de toda discusión sobre ética y moral, en su contexto más amplio remite a la idea de que ambos conceptos integran y nutre el hecho social, aunque su raíz es estrictamente individual e íntima, pues procede de la reflexión y análisis que cada persona realiza de sus actos. Cuando el hombre tiene experiencia de su propia capacidad de decidir, de forma autónoma, el significado y la dirección de sí mismo,  emplea los argumentos morales para orientar su vida.

La Gerencia y el arte de ser persona


El gerente tiene ante sí el reto de interpretar y adaptarse a los nuevos paradigmas sociales, políticos y económicos en los que está inmerso el entorno de su empresa, para llevar a la institución que dirige a la vanguardia y la excelencia. Tal cometido implica que en el ámbito personal el gerente, gerencie su propia vida. Adoptando y aplicando en su intimidad y a modo introspectivo los criterios de la calidad, la mejora continua y la excelencia.

De ahí, que sea por la vía del autoaprendizaje y la reflexión constantes, donde el gerente vaya adquiriendo las actitudes y hábitos que le harán dejar atrás la noción de jefe para convertirse en un líder efectivo. La prédica sin actos, no es más que un ejercicio vacío; el gerente debe enseñar con el ejemplo y orientar con la palabra; es decir, inducir con sus actos más que con sus palabras. La sana ambición por mejorar, no es suficiente, debe hacer suyos los estándares más elevados de la excelencia personal y humana.

La calidad no nace en los medios y metodologías de la instrucción,  nace en el individuo que, previo convencimiento de su propia valía y capacidad, se compromete consigo mismo a alcanzar su máximo desarrollo. Luego de situarse y centrarse en su realidad como persona, podrá, entonces, inducir y orientar a otros a desarrollar al máximo sus capacidades.

El factor clave de la excelencia organizacional, trátese de un hospital, una fábrica o una escuela, está en la excelencia de los individuos que la conforman. Lograr una cultura de calidad y excelencia requiere de personal que posea una serie de valores de vida y hábitos personales, que rijan su conducta en todos los ámbitos de su existencia. En la medida que la vida personal sea coherente y congruente con la prédica de la calidad, en esa misma medida el ejercicio profesional de la gerencia será más acertado.

En no pocas ocasiones, compartimos con profesionales de enorme valía y sobradas condiciones, cuyos méritos y éxitos laborales resultan sorprendentes. Pero al final de cada jornada, llegan a un hogar vacío, carente de afecto y poco más que triste porque no se toman el tiempo de compartir con sus hijos, pareja, familiares y amigos. Dejando en el olvido su dimensión personal, íntima y más humana.

Las personas asumimos diversos roles a lo largo de nuestras vidas, pretender que sólo somos un título profesional, un cargo en una empresa o algún tipo de jerarquía social, es una equivocación que nos conducirá por el camino de la frustración, la desmotivación y la apatía, sentimientos que tarde o temprano nos conducirán a las consecuentes crisis existenciales que tan comunes se han vuelto en nuestros tiempos, con sus considerables costos en nuestra salud física, mental y afectiva.

 En la medida que equilibremos nuestros roles como padres, amigos, hermanos, pareja y profesión, mediante la reflexión y rectificación constante, el cultivo de valores de vida sanos y el reconocimiento de nuestra valía y amor propio. En esa misma medida estaremos en condiciones de propiciar el desarrollo de otras personas. Así, los gerentes que cultivan su vida personal apoyarán a otros para que se cultiven y manifiesten su potencial.

¿Cuántas empresas, oficinas, despachos conocemos cuyos ambientes laborales resultan insoportables? ¿Cuántas veces escuchamos gritos, maltratos, humillaciones durante las jornadas de trabajo en las empresas? Tales situaciones tienen su raíz en la infelicidad y frustración de quienes la protagonizan. Porque en sus vidas personales y en lo más íntimo de su ser el vacío existencial se convierte en un mecanismo que presiona por salir a la luz a toda costa.

Un proverbio bíblico expresa: “de la llenura de corazón, habla la boca”. Atendiendo a esta sabia consigna, en la medida que llenemos nuestra vida de experiencias positivas, que cultivemos nuestros roles y apreciemos nuestro entorno afectivo más íntimo, en esa misma proporción estaremos en condiciones de guiar a otros hacia su desarrollo. He aquí una gran lección para los gerentes de muchas organizaciones.

Los hombres y mujeres que se han destacado positiva y afirmativamente a lo largo de la historia de la humanidad, se distinguen por poseer y ejercer una serie de valores que en su conjunto integran el perfil de la persona excelente: fortaleza espiritual, perseverancia, valentía, laboriosidad, creatividad, visión de futuro, conocimiento, disciplina, autoestima sana son valores que han caracterizado a los seres excelentes.

La mejor fórmula para el éxito de cualquier organización es aprovechar en forma óptima el talento de los individuos, en un ambiente cultural de trabajo en equipo y acompañado de una gerencia proactiva, participativa y abierta a las necesidades sentidas y manifiestas de los integrantes de la organización. El reto de un gerente se encuentra en su capacidad de gerenciar su propia vida y desde esta fortaleza, orientar y guiar a otros para sumar esfuerzos en favor de los objetivos de la organización.

 

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